Lamento mi nueva ausencia. Empiezo a pensar en reducir mis filosofías a una vez a la semana. Sorprende cuánto cree que tiene que contar una persona y cuán difícil es encontrar las palabras cuando se obliga a sí mismo a exponerlas.
Hoy iba a ducharme y, debido a que estaba helada y el calentador no iba (dirán que el agua fría es buena para la circulación, pero dudo que la sangre en cubitos sea la mejor opción). Así que si no llega a chafarse, tampoco me habríais visto hoy. Supongo que el destino me obliga a ser fiel a mi horario.
De todas formas, seré breve: La convivencia es chunga en muchos casos. Cuando vives en una residencia con los baños fuera de tu habitación, no hay nada peor que encontrarte la puerta del baño cerrada. Más concretamente, cuando el vecino se deja la puerta cerrada cuando él ha salido. Es una situación comprometida, ya que tú llamas creyendo que hay alguien (no conozco a nadie, salvo las parejas ya casadas, que dejen la puerta del baño abierta mientras hacen lo que tengan que hacer) esperando escuchar "Ocupado" o algo similar. Sin embargo, no oyes nada. Abres la puerta para comprobar si hay pestillo echado y nada. Y ves que el baño está cerrado pero sin nadie. Es frustrante.
Uno puede soportar muchas cosas, entre ellas la música alta (la clásica estratagema de los cartones de huevos-insonorizador puede dar el pego. El que uno traiga a una pareja a casa o rollete para liarse y todo eso, sobre todo si es considerado y te trae una para ti. Miras con recelo que deje el retrete con un recuerdo suyo. Pero la sensación de llamar a la puerta cerrada de una habitación vacía que te hace quedar como un cenutrio porque, excepto el que la dejó cerrada, nadie sabe que está vacía. Y si no tienes prisa normalmente te das la vuelta y esperas pacientemente haciendo otra cosa hasta que escuches la cisterna u oigas la puerta abrirse.
Haré de esto un diálogo semanal. Hasta entonces nos vemos más tarde.
jueves, 15 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
De entre todos el más odiado
Lamento mi ausencia la última vez, no estaba en condiciones de escribir. De todas formas, de momento sólo hay uno que me sigue y es alguien comprensivo, así que tampoco ha sido una gran pérdida. Tampoco es que tuviera mucho interesante de lo que hablar. Pero empecemos por lo de hoy:
He llegado a pensar en política. No me gusta y normalmente todos tienen razón en lo de "tenemos lo que nos merecemos", prácticamente nadie se alza contra el poder establecido, o si lo hacen, se les hace oídos sordos. De todas formas, pensando detenidamente, nadie se siente en el fondo 100% identificado con ningún partido. En realidad puede haber tantos ideales sociopolíticos como personas hay en el mundo, lo que hace el englobar en un puñado de "grupos políticos mayoritarios" una tarea ardua. Peor es cuando nadie del propio partido parece ser fiel a los ideales que el propio partido representa, pero esa es otra historia.
Si yo mandara, a veces pienso qué tipo de gobierno usaría. Dictadura quizás. Lástima que la palabra haya tomado un concepto tan negativo. El problema es cuando se le da tanto poder a alguien con delirios de grandeza y ansias de obtener poder a espuertas. Pero ¿y si se le da ese poder a alguien que no aspira a mucho? Demonios, hay experimentos psicológicos que demuestran que el hombre es basura en ese tipo de concepto. "Si quieres conocer de verdad a una persona, dale poder" dijo Abraham Lincoln. Sabias palabras de un gran hombre. Supongo que tendría que verme en esa situación para poder ver si mantendría mis ideales o caería en el saco de los corruptos ansiosos de poder. Pero hasta que eso ocurra hay tiempo.
Todos queremos ser inmortales, que se nos recuerde de alguna manera, ya sea por hazañas o por lo que sea. Yo mismo aspiro a ser recordado eternamente. Son tantos los que pasamos por esta vida sin dejar una marca importante. Quizás ya esté aspirando a demasiado, pero el hecho de llegar a un puesto como Presidente, ya es suficiente para tener esa muesca en la historia.
Leyendo el título, todos pregun... bueno, tú, el único que me sigue de momento, aunque también va para los que algún día leáis ésto digáis, ¿dónde entra lo de ser odiado? Ahora es cuando empiezo a hablar al respecto.
Como hombre al cargo del país, hay que tomar decisiones. Y así como hay tantas perspectivas como personas, nunca podrás tenerlos contentos a todos.Si algún día ZP me lee, que esté atento a esto: No intentes tener contento a todo el mundo. Nunca lo conseguirás. Haz bien tu trabajo, ostias.
Bien, dejando eso a un lado, explico: La prioridad es intentar que el país prospere, independientemente de lo bien o mal que vea la gente tus actos. Ahí viene bien lo de la dictadura, porque es casi imposible que te echen. El caso es que tomar medidas que se centren en que el país no se vaya a pique y, si es posible, que prospere lo más posible, es el rol principal de alguien al cargo. Lástima que en este país (y en casi cualquier otro), el papel de un partido es hablar mierda del otro. Por eso cada vez estoy más convencido de que preferiría ser dictador a presidente demócrata. Ahorro de papeleos y payasos que no aportan nada. Una oposición decente que aspirara a la presidencia debería demostrar ser mucho más capaz y recordar en todo momento que, aparte de las ideas que pueda aportar, el partido al cargo las toma y las ejecuta, consiguiendo buenos resultados, recordar que ellos dieron la idea. Pero básicamente la cosa de que el que más hasta el cuello de mierda esté pierde.
Lo dicho, seguramente si me alzara con el poder fuera como dictador. Y que me odien por mis medidas todo lo que quieran, pero si todo saliera bien, algún día, viendo un país próspero dirán todos "Pues el cabrón ese sí que levantó el país". Seguramente ya esté yo muerto (o el mundo se haya ido a la mierda), pero en el fondo la marca, además profunda, está dejada, y la inmortalidad buscada y ansiada sería mía.
Podemos retirarnos. Y si hay interés, reclutad lo que haga falta para elevarme a dictador. Si sale bien o mal casi que da igual. Si sale bien, cojonudo. Si sale mal, las expectativas del populacho no están especialmente altas.
He llegado a pensar en política. No me gusta y normalmente todos tienen razón en lo de "tenemos lo que nos merecemos", prácticamente nadie se alza contra el poder establecido, o si lo hacen, se les hace oídos sordos. De todas formas, pensando detenidamente, nadie se siente en el fondo 100% identificado con ningún partido. En realidad puede haber tantos ideales sociopolíticos como personas hay en el mundo, lo que hace el englobar en un puñado de "grupos políticos mayoritarios" una tarea ardua. Peor es cuando nadie del propio partido parece ser fiel a los ideales que el propio partido representa, pero esa es otra historia.
Si yo mandara, a veces pienso qué tipo de gobierno usaría. Dictadura quizás. Lástima que la palabra haya tomado un concepto tan negativo. El problema es cuando se le da tanto poder a alguien con delirios de grandeza y ansias de obtener poder a espuertas. Pero ¿y si se le da ese poder a alguien que no aspira a mucho? Demonios, hay experimentos psicológicos que demuestran que el hombre es basura en ese tipo de concepto. "Si quieres conocer de verdad a una persona, dale poder" dijo Abraham Lincoln. Sabias palabras de un gran hombre. Supongo que tendría que verme en esa situación para poder ver si mantendría mis ideales o caería en el saco de los corruptos ansiosos de poder. Pero hasta que eso ocurra hay tiempo.
Todos queremos ser inmortales, que se nos recuerde de alguna manera, ya sea por hazañas o por lo que sea. Yo mismo aspiro a ser recordado eternamente. Son tantos los que pasamos por esta vida sin dejar una marca importante. Quizás ya esté aspirando a demasiado, pero el hecho de llegar a un puesto como Presidente, ya es suficiente para tener esa muesca en la historia.
Leyendo el título, todos pregun... bueno, tú, el único que me sigue de momento, aunque también va para los que algún día leáis ésto digáis, ¿dónde entra lo de ser odiado? Ahora es cuando empiezo a hablar al respecto.
Como hombre al cargo del país, hay que tomar decisiones. Y así como hay tantas perspectivas como personas, nunca podrás tenerlos contentos a todos.Si algún día ZP me lee, que esté atento a esto: No intentes tener contento a todo el mundo. Nunca lo conseguirás. Haz bien tu trabajo, ostias.
Bien, dejando eso a un lado, explico: La prioridad es intentar que el país prospere, independientemente de lo bien o mal que vea la gente tus actos. Ahí viene bien lo de la dictadura, porque es casi imposible que te echen. El caso es que tomar medidas que se centren en que el país no se vaya a pique y, si es posible, que prospere lo más posible, es el rol principal de alguien al cargo. Lástima que en este país (y en casi cualquier otro), el papel de un partido es hablar mierda del otro. Por eso cada vez estoy más convencido de que preferiría ser dictador a presidente demócrata. Ahorro de papeleos y payasos que no aportan nada. Una oposición decente que aspirara a la presidencia debería demostrar ser mucho más capaz y recordar en todo momento que, aparte de las ideas que pueda aportar, el partido al cargo las toma y las ejecuta, consiguiendo buenos resultados, recordar que ellos dieron la idea. Pero básicamente la cosa de que el que más hasta el cuello de mierda esté pierde.
Lo dicho, seguramente si me alzara con el poder fuera como dictador. Y que me odien por mis medidas todo lo que quieran, pero si todo saliera bien, algún día, viendo un país próspero dirán todos "Pues el cabrón ese sí que levantó el país". Seguramente ya esté yo muerto (o el mundo se haya ido a la mierda), pero en el fondo la marca, además profunda, está dejada, y la inmortalidad buscada y ansiada sería mía.
Podemos retirarnos. Y si hay interés, reclutad lo que haga falta para elevarme a dictador. Si sale bien o mal casi que da igual. Si sale bien, cojonudo. Si sale mal, las expectativas del populacho no están especialmente altas.
jueves, 1 de abril de 2010
El Patio de los leones. Próximamente: Los leones.
Intentaré ser breve. Mi madre y mis hermanas vinieron de visita estas fiestas de Semana Santa. Entre otras cosas, hemos visitado gran parte de Granada y en gran medida, lo hemos pasado bien. Sin embargo, me llevé una pequeña decepción en el viaje a La Alhambra.
En los casi 5 años de vida en Granada no he pisado casi ningún lugar cultural.No me llaman demasiado la atención salvo que tengan algo impresionante para mi gusto. Sin embargo, ya tenían reservadas las entradas desde hacía mes y medio, así que acabé yendo con ellas. El resultado fue cuanto menos inesperado.
La gran mayoría de las cosas que ver en la Alhambra o estaban ausentes debido a, seguramente, restauraciones o estaban cortadas al público. Ver una de las aspirantes a maravillas del mundo acabó siendo un agotador subir y bajar cuestas infernalmente empinadas, zonas de agua llenas de peces, algunos capaces de devorar a los gatos que por allí se colaron, fuentes que no sueltan agua, salas vacías y, lo que como el título menta me dolió más, el Patio de los Leones sin leones. Básicamente lo que más ilusión me hacía ver.
Comprendo que la situación y estado de la mayoría de algunas construcciones exijan una decidida restauración, pero que vayan poco a poco. Por si fuera poco, hay límite de horario y tiempo de visita. Para los que no la conocen, la Alhambra es colosal, no es algo que pueda verse en un par de horas a todo carajo. Aunque si tienes casi todo cortado o inactivo, supongo que no es tanto problema.
No puedo decir mucho más al respecto. Un buen amigo mío dijo de las ganas de ir a ver la Alhambra. Me temo que esto es lo que le puedo aconsejar: Aparte de reservar con bastante antelación, no espere ver un espectáculo sorprendente, sobre todo porque la gran mayoría de lo que debería poder verse, no se puede ver debido a la restricción de acceso y tiempo. Antiguamente, hace algo más de 2 décadas, podías entras a primera hora y salir de allí a la hora de comer sabiendo que habías visto todo.
El problema, además de la decepción, es que la zona es de las que requiere un calzado y una fortaleza en las piernas dignas de un montañero o la inteligencia estándar para no ir con tacones, aunque hubiera gachís que los llevaran. Un "no hay huevos" que llegaría a tachar de admirable sino fuera porque no tenía nada que ver con eso,sino simplemente, supongo, sobreconfianza de haber subido en bus. Personalmente no recomiendo ir a ver la Alhambra en tacones.
Así que ya lo veis, lo más cerca que he estado de ver el Patio de los Leones de toda la vida ha sido gracias a una postal. Con esta experiencia breve relatada, me despido hasta el próximo día.
En los casi 5 años de vida en Granada no he pisado casi ningún lugar cultural.No me llaman demasiado la atención salvo que tengan algo impresionante para mi gusto. Sin embargo, ya tenían reservadas las entradas desde hacía mes y medio, así que acabé yendo con ellas. El resultado fue cuanto menos inesperado.
La gran mayoría de las cosas que ver en la Alhambra o estaban ausentes debido a, seguramente, restauraciones o estaban cortadas al público. Ver una de las aspirantes a maravillas del mundo acabó siendo un agotador subir y bajar cuestas infernalmente empinadas, zonas de agua llenas de peces, algunos capaces de devorar a los gatos que por allí se colaron, fuentes que no sueltan agua, salas vacías y, lo que como el título menta me dolió más, el Patio de los Leones sin leones. Básicamente lo que más ilusión me hacía ver.
Comprendo que la situación y estado de la mayoría de algunas construcciones exijan una decidida restauración, pero que vayan poco a poco. Por si fuera poco, hay límite de horario y tiempo de visita. Para los que no la conocen, la Alhambra es colosal, no es algo que pueda verse en un par de horas a todo carajo. Aunque si tienes casi todo cortado o inactivo, supongo que no es tanto problema.
No puedo decir mucho más al respecto. Un buen amigo mío dijo de las ganas de ir a ver la Alhambra. Me temo que esto es lo que le puedo aconsejar: Aparte de reservar con bastante antelación, no espere ver un espectáculo sorprendente, sobre todo porque la gran mayoría de lo que debería poder verse, no se puede ver debido a la restricción de acceso y tiempo. Antiguamente, hace algo más de 2 décadas, podías entras a primera hora y salir de allí a la hora de comer sabiendo que habías visto todo.
El problema, además de la decepción, es que la zona es de las que requiere un calzado y una fortaleza en las piernas dignas de un montañero o la inteligencia estándar para no ir con tacones, aunque hubiera gachís que los llevaran. Un "no hay huevos" que llegaría a tachar de admirable sino fuera porque no tenía nada que ver con eso,sino simplemente, supongo, sobreconfianza de haber subido en bus. Personalmente no recomiendo ir a ver la Alhambra en tacones.
Así que ya lo veis, lo más cerca que he estado de ver el Patio de los Leones de toda la vida ha sido gracias a una postal. Con esta experiencia breve relatada, me despido hasta el próximo día.
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