jueves, 1 de abril de 2010

El Patio de los leones. Próximamente: Los leones.

Intentaré ser breve. Mi madre y mis hermanas vinieron de visita estas fiestas de Semana Santa. Entre otras cosas, hemos visitado gran parte de Granada y en gran medida, lo hemos pasado bien. Sin embargo, me llevé una pequeña decepción en el viaje a La Alhambra.

En los casi 5 años de vida en Granada no he pisado casi ningún lugar cultural.No me llaman demasiado la atención salvo que tengan algo impresionante para mi gusto. Sin embargo, ya tenían reservadas las entradas desde hacía mes y medio, así que acabé yendo con ellas. El resultado fue cuanto menos inesperado.

La gran mayoría de las cosas que ver en la Alhambra o estaban ausentes debido a, seguramente, restauraciones o estaban cortadas al público. Ver una de las aspirantes a maravillas del mundo acabó siendo un agotador subir y bajar cuestas infernalmente empinadas, zonas de agua llenas de peces, algunos capaces de devorar a los gatos que por allí se colaron, fuentes que no sueltan agua, salas vacías y, lo que como el título menta me dolió más, el Patio de los Leones sin leones. Básicamente lo que más ilusión me hacía ver.

Comprendo que la situación y estado de la mayoría de algunas construcciones exijan una decidida restauración, pero que vayan poco a poco. Por si fuera poco, hay límite de horario y tiempo de visita. Para los que no la conocen, la Alhambra es colosal, no es algo que pueda verse en un par de horas a todo carajo. Aunque si tienes casi todo cortado o inactivo, supongo que no es tanto problema.

No puedo decir mucho más al respecto. Un buen amigo mío dijo de las ganas de ir a ver la Alhambra. Me temo que esto es lo que le puedo aconsejar: Aparte de reservar con bastante antelación, no espere ver un espectáculo sorprendente, sobre todo porque la gran mayoría de lo que debería poder verse, no se puede ver debido a la restricción de acceso y tiempo. Antiguamente, hace algo más de 2 décadas, podías entras a primera hora y salir de allí a la hora de comer sabiendo que habías visto todo.

El problema, además de la decepción, es que la zona es de las que requiere un calzado y una fortaleza en las piernas dignas de un montañero o la inteligencia estándar para no ir con tacones, aunque hubiera gachís que los llevaran. Un "no hay huevos" que llegaría a tachar de admirable sino fuera porque no tenía nada que ver con eso,sino simplemente, supongo, sobreconfianza de haber subido en bus. Personalmente no recomiendo ir a ver la Alhambra en tacones.

Así que ya lo veis, lo más cerca que he estado de ver el Patio de los Leones de toda la vida ha sido gracias a una postal. Con esta experiencia breve relatada, me despido hasta el próximo día.

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